Entre el dolor y la esperanza

La compleja situación que se está desarrollando en Ecuador durante los últimos 8 días, es prácticamente una tragedia humana que hay que entender en el marco de los procesos de resistencia de los pueblos contra la voracidad del neoliberalismo.

No nos resulta nueva, con la excepción de Cuba, toda América Latina en algún momento de su historia reciente ha sido mancillada por un modelo económico que pone el énfasis en la concentración de riqueza en unas pocas personas o grupos económicos, y extiende la pobreza y la humillación a cientos de millones de personas.


La reacción de una extensa parte de la sociedad ecuatoriana es a todas luces justa, necesaria y reivindicativa; es esperanza en un periodo histórico en el que pareciera que la única opción es sucumbir y morir en las fauces del neoliberalismo.
Sin embargo, ha tenido como respuesta la más violenta y sanguinaria respuesta del Estado ecuatoriano. No vale el derecho a diferir, no vale el derecho a exigir justicia redistributiva, no vale organizarse y exigir una sociedad justa, inclusiva y humanista. Lo que toca es resignarse a los designios de los políticos y empresarios neoliberales; la historia golpea con obstinada recurrencia a nuestro continente, que se debate entre el destino (sic) por la miseria, o la construcción de inclusión social y justicia.

Ante la ausencia de posibilidades de diálogo, la recurrencia exacerbada a la violencia por parte de las fuerzas de seguridad, y la periodica manipulación mediática por parte de los medios de comunicación, todo avizora un conflicto social de consecuencias insospechadas y desde ya dolorosas; el riesgo de una guerra civil no está lejana en el horizonte ecuatoriano. La derecha racista no está dispuesta a perder este pulso con los movimientos sociales populares

Alcanzar la dignidad y justicia para América Latina no ha sido sencillo, nos ha dolido en lo más profundo, la hemos pagado con cientos de miles de personas muertas desde que fuimos invadidos aquel nefasto 12 de octubre de 1492. Pero no perdemos la esperanza, seguimos resistiendo, seguimos construyendo. A tantas décadas de distancia, me siguen llenando de motivos aquellas palabras de Allende poco antes de su muerte:

"Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor."

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